La Crescent Toys Company fue fundada en 1922 en Londres. Fabricaban soldaditos de metal, cocinitas o cowboys hechos con aleación de plomo y pintados a mano que se vendían en cajas de a docena. El éxito fue rotundo y la compañía prosperó abriendo una fábrica en Tottenham que durante la Segunda Guerra Mundial elaboró munición. Tras el conflicto, Crescent Toys sobrevivió a la dura posguerra, comercializando los productos de la empresa DCMT, experta en metal inyectado en aleación de zinc. En 1948 se estableció una nueva sede en Gales y en 1950 toda la producción se trasladó allí, permaneciendo sólo una oficina en Londres. Crescent Toys comenzó entonces a crear sus propios juguetes de metal sin precisar los servicios de DCMT. Cuando el catálogo se diversificó, apareció en 1956 una colección de coches a la escala 1/43 llamada Grand Prix. La publicidad que vemos a continuación procede del Brighton Toy Museum.
Los modelos de la serie Grand Prix seguían los estándares de la época. Eran fieles reproducciones totalmente metálicas exquisitamente decoradas con pintura y adhesivos. Parabrisas y volantes también formaban parte del molde en metal en una única pieza. Las ruedas de zamak con diseño radial llevaban neumáticos de caucho. Los colores y los dorsales eran únicos para cada miniatura. A los mandos de cada coche iba un piloto realizado en metal, del que hubo diferentes diseños según el modelo. Se comercializaron diez referencias, disponibles sueltas o en cofres, desde la 1284 a la 1293 correlativamente. 1958 fue el último año en que se incorporaron novedades y la colección se canceló en 1960. Crescent Toys continuó fabricando juguetes metálicos hasta 1980.